Antes del Antes.

“Antes todo esto era campo”.
Dicho popular.

La velocidad de los acontecimientos a los que nos ha abocado la tecnología nos lleva a recordar esos tiempos pasados con la añoranza que implicaba esa vida más sencilla.
Tanto es así que creemos que algunas de las cosas “malas” que pasan ahora tendrían solución si las hiciéramos “como antes”
El caso más interesante de analizar, tanto por la gravedad del mismo cómo por la cercanía a nuestra zona, el valle del Tiétar, han sido los incendios de este pasado verano. Y las soluciones “de los que saben” son las mismas que se aplicaban a esa España “del antes”: que lo que limpia el monte son las cabras y las vacas, que “antes” había más ganadería, que antes “se limpiaba el monte” y que se aprovechaban “los recursos”.

Pero en el siglo XXI, casi ya en el XXII, La España del ahora recibe 80 millones de turistas, el consumo de carne ha disminuido, las vacas tienen GPS y se pastorean por dron, la naturaleza ya no es un tanto un recurso de supervivencia y si una forma de participación “espiritual” y en los pueblos que viven rodeados de masa forestal explotable la gente ha puesto el gas natural en sus casas. Mejor calentarse apretando un botón que cogiendo el hacha. El monte es eso verde que se ve desde la terracita tomando una caña. Esto es lo que hay.
Lo peor de todo es que ese antes tiene otro antes, del que ya nadie recuerda, y que aportaba otras soluciones a los problemas que también surgieron en esos momentos concretos de la historia. O no. He leído hace poco que en la Edad Media y en España hubo un incendio de tal magnitud que ardió buena parte, por no decir casi toda, de la superficie de las dos castillas. Durante tres meses, los de verano, el fuego consumió cientos de miles de hectáreas y solo se apagó cuando llegaron las lluvias del otoño.

En la vida, en cualquiera de sus facetas tendemos a elogiar con cariño el pasado porque nos resulta sencillo de recordar y además tenemos una conexión emocional directa con él. Todo tiempo pasado fue mejor, dicen. El antes era menos complejo y si nos referimos al antes del antes, ni les cuento. Fíjense que hay gente incluso que piensa que todo comenzó a torcerse cuando el ser humano dejó de ser cazador y recolector y se volvió sedentario y agricultor. Hasta ese libro mitológico llamado Biblia reconoce ese “antes de antes” y lo reflejó en el cuento de Caín y Abel.
No se engañen. Estamos en las que estamos para bien o para mal. La tecnología ha introducido una doble velocidad en nuestras vidas, dónde lamentablemente nadie se ha planteado el valor moral de la misma antes de hacerlo, y ha complicado y mejorado al mismo tiempo todo. Y también nuestros formatos. Hace 50 años la gente quería ver el mar y se moría sin poder hacerlo y ahora estás en Benidorm desde La Adrada en seis horas.

Lo que si es cierto, tanto antes como ahora, es que los nuevos desafíos exigen nuevas soluciones que pasan por integrar, crear nuevos formatos, negociar y hacer partícipes a todos, y también a ese “antes de antes”. Pero si creemos que mirar atrás nos permitirá avanzar, nos equivocaremos y repetiremos todo lo que no funciona, porque el agua de ese rio ya pasó.

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Robin.

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